Lo que ganas al planificar tu jardín costero
Cada etapa del proceso responde a una necesidad concreta: menos riego, menos reposición de plantas y un diseño que aguanta la brisa marina sin perder forma.
Selección de especies que sobreviven a la salinidad
Elegimos plantas autóctonas probadas en suelos arenosos y exposición directa al viento, para que no tengas que reemplazar ejemplares cada temporada.
Drenaje que evita el encharcamiento
Diseñamos capas de grava y sustratos orgánicos que retienen la humedad justa, reduciendo el riesgo de pudrición de raíces en terrenos porosos.
Protección contra la erosión del viento
Incorporamos barreras vegetales y cortavientos naturales que estabilizan el suelo y protegen las especies más sensibles durante los meses de mayor brisa.
Mantenimiento estacional simplificado
Recibes un calendario de poda, abonado y reposición adaptado al microclima húmedo, con tareas claras que no requieren riego excesivo.
Atracción de polinizadores sin riego extra
Integramos flores y arbustos que invitan a abejas y mariposas, creando un ecosistema vivo que se sostiene con el agua de lluvia.
Un refugio natural con identidad propia
El resultado es un espacio verde que combina texturas, alturas y colores locales, pensado para disfrutarse todo el año y resistir el paso del tiempo.